Entre la tragedia y la cólera: Ursua y Aguirre
“La
Biografía es un género literario
que,
de vez en cuando, se dice que se descubre”.
-
Julio Caro Baroja
Mi
padre era un lector de biografías. En casa, estaban la de Gengis Khan, la
de Catalina la Grande (que mi madre hizo desaparecer al considerar que
su contenido era poco menos que pornográfico), la de Fleming, … Hay
grandes cultivadores del género como Maurois, Ludwig, Zweig o Lyton Strachey.
Este último dio a su manera de escribir un estilo irónico e irreverente. Le importaba
más la índole del personaje, el detalle revelador de su personalidad, que la
acumulación documental de minucias históricas poco significativas. Por otro
lado, Maurois en su pequeño ensayo Aspectos de la biografía me puso
sobre la pista de Virginia Woolf y la importancia que tiene, a pesar de todo, conocer
a los personajes. A ellas (Ellas) y a ellos (Ellos).
El
maestro Eco (Umberto) nos dejó un breve, intenso y cargado de ironía ensayo
titulado La fuerza de lo falso. Eso sí, citando a Santo Tomás, nos
advierte que lo falso no aparece necesariamente bajo la forma de mentira,
también bajo la forma de error. Lo falso -sugiere Eco- ha sido el motor de
muchos acontecimientos de la historia. El Dorado, del que hablaremos, es
un caso claro y uno de los ejemplos que pone el profesor italiano.
Un
personaje que siempre me llamó la atención fue Pedro de Ursua (y su familia).
Quizá recuerdo de mis tiempos en Urdazubi y mis correrías por Baztán. Con él, te das cuenta de que un personaje real
puede convertirse en protagonista de una ficción en el marco incomparable del
Amazonas y los Trópicos. Esto lo logra, por ejemplo, Blaise Cendrars con Jean
Galmot. En el mismo espacio, un personaje “inventado” es Pantaleón
Pantoja de Mario Vargas Llosa. Todo ello sin olvidar que resulta imposible
(o casi) despegar a Ursua de su némesis, Lope de Aguirre.
Seguir
la pista a Ursua y a Aguirre a través de lo que se ha publicado (sobre todo),
tanto ficción (que es mucha) como ensayos (hay de todo) nos hace navegar por un
rio de sensaciones que conducen, más allá del placer de la lectura, a ninguna
conclusión sólida. He reunido y leído una colección de libros (comics
incluidos) sobre el tema que recomiendo vivamente.
Ursua,
el capitán enamorado
La
casa de Ursua parecía estar abonada a la tragedia. Uno de sus hijos, el ya citado capitán Pedro
de Ursua, fue asesinado por algunos de sus hombres cuando navegaba por el
Amazonas en busca de el Dorado. En su condición de segundón, Pedro de
Ursua solo tenía dos opciones: el clero o la milicia. Optó por lo segundo y,
patrocinado por su tío Miguel Diaz de Armendariz que acababa de ser nombrado juez
de residencia en el Nuevo Reino de Granada (hoy, Colombia), salió hacia el
Nuevo Mundo, desembarcando en Cartagena de Indias.
Ursuak eder leio
Bentanal are gaiago
Ursuko
etxekoandrea
Santanan
defuntu dago.
Ursuan
defuntuan
Santanan kausitua
Adios
erran gabe
Etxetik
partitua.
Apat-Echebarne
(Aingeru Irigaray) recoge la versión más conocida de la Leyenda de Ursua:
“Cuenta (la leyenda); que una hermosa dama, hija de la casa Lantaina,
del Norte del País, se casó con el heredero del palacio baztanés; y que en el
banquete nupcial notó este que se esposa estaba encinta; le engaña diciendo que
antes de retirarse debían hacer una visita a la ermita del palacio; llegados
que fueron al patio, el novio le vitupera y le arranca el vestido de novia. Y
después de estrangularla con un pañuelo de seda, toma un caballo que un criado
le tenía apostado, huyendo seguidamente a Francia. Algunos añaden que las
herraduras del caballo las tenía clavadas de atrás adelante, para confundir la
pista de la huida”.
Estatua
de Ursua en la ciudad de Pamplona, Colombia, que él fundó
Un
paréntesis. La casa de Ursua se había adherido al bando beamontés aunque esto,
a decir de Eulogio Zudaire, no supuso que “obtuviese la adecuada
contrapartida financiera”, lo que obligó a enajenar tierras del mayorazgo
en Baztan y en los Alduides (Aldudes).
“Miguel
de Ursúa Diez de Armendáriz debió de fenecer sus días en 1546, año en que
otorga testamento, cuando se hallaba «malau de son corps et san d'entendiment
et en bone memori». Se firma en Lixarre, en casa de mosén Joahn de
Guastelussarry, en la que estaba alojado el señor de Ursúa y de Genthaine, a
los 17 días del mes de julio de 1546. Certifica Sanz d'Arrain, notario real de
Mauleon. Para aquella fecha llevaba por lo menos siete semanas de
padecimientos, por las que se indican al legar 12 ducados al barbero de
Ostabat, que durante ese tiempo le había venido curando sus heridas. Declara
Juan de Arizcun, procurador de causas en la Real Chancillería de Navarra, que
ciertos enemigos se las habían hecho”.
Pedro
de Ursua que había logrado reunir una pequeña fortuna, desde Nombre de Dios (Antoquia),
donde se encontraba, envió a los bancos de Sevilla y a otras entidades de los
reinos de España, ese año de 1554, dos mil quinientas coronas o dos mil
cuarenta pesos de oro «para desempeynar la cassa y mayorazgo de Urssua» (…)
De aquella remesa de 2.000 pesos oro (2.040 en otro informe del año 1558) y de
sus réditos, se sirvieron «la Magt. Imperial de gloriosa memoria y el Rey Don
Phelippe, nuestro señor, para cosas que cumplían a su real serbicio». A
cambio de este despojo librará el rey nuestro señor, don Felipe II, a favor del
mayorazgo de Ursúa, «mil pessos de oro en la hazienda del Nuebo Reyno de
Granada de Yndias y lo resto en otras partidas».
Si
hacemos caso al texto anterior, Ursua estaría pensando en regresar a Navarra
tras la localización de El Dorado.
Lope
de Aguirre, el sanguinario
En
1977, mi recordado amigo Elías Amézaga reeditó Yo, demonio, Lope de Aguirre.
Andanzas y naveganzas del fuerte caudillo de los invencibles marañones. El libro lo había publicado por primera vez en
La Habana en 1953 y habían aparecido distintas ediciones. Seguramente, para la
primera, contó con la ayuda de Jon Bilbao que, en aquel momento, se encontraba
en Cuba. En la introducción de 1977, estaba presente la Academia Errante
que, más de diez años atrás, se había ocupado del tema en una reunión celebrada
en Araoz, el barrio de Oñate donde se supone que nació Aguirre y cuyas
conclusiones quedaron plasmadas en un volumen: Lope de Aguirre descuartizado.
Refiriéndose al ágape de Araoz, escribía Caro Baroja: “Estos vascos amigos,
comilones y píos, quieren ‘salvar’ a Lope de Aguire. Creo que allá, en el fondo
del Averno (donde estará en compañía de otros fieros capitanes, según su propio
deseo), no les agradecerá nada esta oficiosidad”.
Araoz
Uno
de los asistentes a la reunión en cuestión fue Jorque Oteiza que llegó a
proponer en su Quosque Tamden una reconciliación (postmorten, eso sí)
entre Lope de Aguirre y Pedro de Ursua. La cosa surgió en una comida celebrada
en Araoz, el pueblo natal de Aguirre: “A esta reunión de Araoz, acudíamos de
distintos pueblos de Gipuzkoa y parecía que veníamos de los más apartados
lugares del mundo. Hablamos todos de historia, de filosofía, de arte, queríamos
cada uno eirlo todo como si nunca más nos fuéramos a ver. Afortunadamente
convinimos en que no se podía hacer memoria de Lope de Aguirre, el guipuzcoano,
sin hacerla al mismo tiempo al mismo tiempo de su paisano y víctima suya, el
navarro de Arizcun y señor de Ursua. A los 400 años hicimos que se
reconciliaran. Con este motivo, en la estatua para Lope, estará Lope con Ursua
y esta estatua para Araoz se pondrá también para Arizcun, en donde proyectamos
reunirnos en otra ocasión” (Quosque Tándem: 156).
Hay
que decir que, cuando se produjo la reunión a Araoz, ya se había publicado Lope
de Aguirre, Traidor (San Sebastián (1951): Biblioteca Vascongada de los
Amigos del Pais) de José de Arteche, miembro destacado de la Academia
Errante. Su obra (terminada en 1948) concluye así: “Lope de Aguirre,
guipuzcoano del siglo XVI, del siglo de sus paisanos Ignacio de Loyola, Elcano,
Urdaneta y Legazpi, no es sino la espantosa caricatura de algo que pudo haber
sido algo sublime” (p.297). Después de Araoz, en 1968, Julio Caro Baroja, académico
errante asimismo, publicó Lope de Aguirre “Traidor” y Pedro de
Ursua o el caballero, dentro de El señor inquisidor y otras vidas por
oficio.
Hasta
entonces, el único historiador vasco que reivindicaba la figura era Segundo de
Ispizua. Eso sí, a decir de Elías Amézaga, “saltando sobre los muertos para
que no le salpicase aquella sangre”. Por cierto, Ispizua es una figura no
muy bien tratada y controvertida. Siendo editor de un diario en Ecuador inició
una campaña para evitar que el Senado de aquel país aprobase una resolución
apoyando a los independentistas cubanos. El tono de la campaña hizo que el
Gobierno ecuatoriano lo expulsase del país. En 1934, se publicó en Madrid Segundo
de Ispizua. Su vida y sus obras, un volumen que recoge artículos y reseñas
de su obra (sobre todo). Hay artículos de Mourlane Michelena, Telesforo de Aranzadi,
Julio de Lazurtegui, Augusto Barcia, Ramón de Basterra…
De
la parte histórica, además de las obras citados, hay cuatro muy interesantes: Jornada
de Omagua y Dorada, de Francisco Vázquez. Vázquez fue él mismo un
marañón que logró escapar de Aguirre en la isla Margarita. Emiliano Jos asegura
que es “sin duda alguna, una de las más valiosas (crónicas), la más
detallada, acaso la más verídica y la que más datos aporta sobre la vida de
Aguirre en Perú”. He consultado dos versiones: la de Enrique de Gandia
(1944) y la de Javier Ortiz de la Tabla (1989), La expedición de Ursúa y los
crímenes de Aguirre, de Robert Southley que fue publicada por primera vez
en 1823. Lope de Aguirre, de Blas Matamoro y Lope de Aguirre y la rebelión
de los marañones, una colección de los principales textos de la recopilados
y editados por Beatriz Pastor y Sergio Callau o Dos crónicas desconocidas de
Lope de Aguirre, de Jaime Martínez Tolentino.
Luego,
claro, está la ficción. Por cierto, la obra de Amézaga es ficción. Y aquí nos
encontramos con algunas obras notables: El camino del Dorado, de Arturo
Uslar-Pietri, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, de Ramón J.
Sender o Lope de Aguirre, príncipe de la libertad, de Miguel Otero
Silva. En 2005, apareció Ursua, de William Ospina que, en 2012, publicó La
serpiente sin ojos, más centrada en Aguirre.
“Pedro
de Ursúa era un capitán cultivado, hablaba castellano, vasco, francés de
Gascuña, tenía una biblioteca enorme, buenos modales, empático y con dominio
del discurso. Por el contrario, Lope de Aguirre era un morlaco de armas tomar,
un 'levanta piedras' (harrijasoketa) y un matón de boina estrecha; tenía una
buena pedrada o ¿sería más acertado decir que le faltaba un gramo para el kilo? La
situación emanaba una violencia latente y en cualquier momento se preveía
una confrontación entre los partidarios de Ursúa y Aguirre. El gran
río de aguas ocres y terrosas era un secreto lleno de agresiones ocultas” (Álvaro
Van der Brule, En busca del Dorado: una traición previsible que acabó con la vida de
Pedro de Ursúa).
“Una
gran balsa atestada de soldados, pequeños falconetes, cajas de arcabuces y
ballestas, condumio y otras zarandajas, bajaba por el enorme rio
Marañón acercándose en su confluencia con el
Ucayali; ambos afluentes, gestaban la cabecera del colosal
Amazonas. En aquella suerte de plataforma gigantesca y sólida, bien
construida por dos carpinteros de ribera de Guetaria, dos vascos, Ursúa y
Aguirre, habían calentado rencillas desmarcándose el segundo del primero con
malas maneras y bastante grosería. (…) El escenario estaba muy soliviantado y
se preveía que en cualquier momento surgiera lo inevitable”. Iban en busca de
El Dorado.
Hacia
el 26 de setiembre de 1560 y tras haber pasado por una lluvia diluviana,
alrededor de 300 naves entre un bergantín, decenas de piraguas y enormes balsas
se comienzan a alejar del río Huallaga. La bellísima Inés de Atienza,
hija de uno de los primeros conquistadores contra el incanato, va en una de las
balsas. La tragedia comenzó a tomar forma a través de las soflamas
incendiarias, 'sotto voce' primero, abiertamente después, de un tal Lope
de Aguirre. Hay que resaltar que muchos de los que se habían alistado
tenían cuentas pendientes con la justicia. Aguirre era uno de ellos, pero al
principio, Ursúa no se percató de las verdaderas dimensiones de llevar una
hiena que con el tiempo sería un auténtico cáncer de la expedición (Álvaro
Van der Brule. La ruta española hacia El Dorado: vida y muerte del
conquistador Pedro de Ursúa).
Robert
Southey afirma que “le advirtieron a Ursúa que se preparaba alguna maldad, y
le rogaron que tuviese cerca de su persona una guardia de gente en la que
pudiese confiar; pero tener a sus amigos alrededor le hubiese impedido estar a
solas con doña Inés, y por tanto no hizo caso del consejo. Dijo que no era
necesario, que había tantos vizcaínos y navarros, que con solo dar una voz en vasco
estaría a salvo”.
Si
aceptamos la versión de Southey, los vascos de la expedición estaban con Ursua.
Entonces, ¿de dónde eran los marañones
de Lope? He repasado las biografías y no hay vascos entre los rebeldes.
¿Entonces? Josu Landa se centra en la lucha por el Poder, quizá el caudillismo
por el caudillismo, entendido como “liderazgo autoritario al margen de la
institucionalidad”. No tiene pinta que el de Oñate fuese un libertador.
Lecturas imprescindibles
AMÉZAGA, Elías
-
Yo, demonio. Lope de Aguirre.
Andanzas y naveganzas del fuerte caudillo de los marañones, Donostia
(1977): Ediciones Vascas.
ARTECHE, José de
-
Lope de Aguirre, Traidor,
San Sebastián (1951): Biblioteca Vascongada de los Amigos del Pais.
LA ACADEMIA
ERRANTE
-
Lope de Aguirre descuartizado,
San Sebastián (1963): Auñamendi.
CARO BAROJA, Julio
-
El señor inquisidor y otras vidas por
oficio, Madrid (1968): Alianza Editorial.
ISPIZUA, Segundo de
-
Los vascos en América: Lope de
Aguirre, San Sebastián (1979). Ediciones Vascas.
LANDA GOIOGANA, Josu
-
“Lope de Aguirre, el poder y la furia”, en
Kokuioak 1: 2018.
LOPEZ, Casto Fulgencio
-
Lope de Aguirre el Pregrino. Primer
Caudillo de América, Barcelona (1953): Nueva Cádiz.
MARTINEZ TOLENTINO, Jaime
-
Dos crónicas desconocidas de Lope de
Aguirre, Madrid (2012): Fundamentos.
OSPINA, William
-
Ursua,
Bogotá (2005): Alfaguara.
OTEIZA, Jorge
-
Quosque tándem
(cuarta edición), Donostia (1983): Hordago.
OTERO SILVA, Miguel
-
Lope de Aguirre, príncipe de la
libertad, Barcelona (1979): Seix y Barral.
PASTOR,
Beatriz, CALLAU, Sergio, eds.
-
Lope de Aguirre y la rebelión de los
marañones, Madrid (2011): Castalia.
SENDER,
Ramón J.
-
La aventura equinocial de Lope de
Aguirre, Madrid (1982: Novelas y Cuentos.
SOUTHLEY, Robert
-
La expedición de Ursúa y los crímenes
de Aguirre, Barcelona (2016): Random House.
TORRENTE BALLESTER, Gonzalo
-
Lope de Aguirre. Crónica dramática
de la historia americana en tres jornadas, Madrid (1941): Escorial
VAN DER BRULE, Álvaro
-
La ruta española hacia El Dorado: vida y
muerte del conquistador Pedro de Ursúa, La Vanguardia, 19/09/2020)
-
En busca del Dorado: una traición
previsible que acabó con la vida de Pedro de Ursúa, El Confidencial,
31-08-1924.
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