DYLAN, BOB

 


El día que concedieron el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, lo primero que hice cambiar sus libros (de él y sobre él) de estantería: de la de música a la de literatura. La concesión de la distinción a nuestro héroe dio lugar a reacciones variadas. David Remick pedía en New Yorker: "Let's celebrate the Bob Dylan Nobel win" (Déjennos celebrar el Nobel de B. Dylan). Comenzaba su artículo preguntando: "Dios es un chistoso colosal. ¿No es así?": "Llegaron las noticias e la mañana, bien temprano, para decirnos que Bob Dylan uno de los mejores entre nosotros, una gloria del país y de la lengua, ha ganado el Premio Nobel de Literatura. ¡Suenen las campanas! ¡Qué cosa mas asombrosa e inequívocamente maravillosa! Hay novelistas que todavía deben ganarlo (que sí, Mr Roth, la lista comienza por usted -nota: Sin embargo, falleció en 2018 sin lograrlo), y hay muchos otros que debían haberlo ganado (Tolstoy, Proust, Joyce, Woolf, Nabokov, Auden, Levi, Achebe, Borges, Baldwin . . . ¿donde paramos?), pero, a pesar de todas las debilidades del premio y de su comité de selección, ¿por qué no disfrutar un poco con este en concreto? La rueda gira y a veces se detiene justo delante de la nariz". Es cierto que no todos piensan como Remick. El asimismo Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa declaró que la concesión del premio a Dylan era una "frivolidad". Manifestó esto en un acto social en Valladolid en el que estaba acompañado por Isabel Presley. Un tal Alberto Olmos, escritor exponente de la corriente neorruralista (sic) sentenció que "es el fin de la literatura": "una afrenta para los literatos de todo el mundo". Y se quedó tan ancho.



En Richmond, Virginia. EE.UU, verano 1972 (con mi 'yamaha')


Bob y yo mantenemos una intensa relación desde mis 14 años más o menos y, creo, que escuchado todo todo lo que ha grabado, y más. A partir de 1970, comencé a leer sobre él y cosas suyas. En el verano de 1972 compré en Washington Bob Dylan. A retrospective, un volúmen editado por el periodista australiano Craig McGregor que recogía artículos, entrevistas, cartas,... Había viajado a Estados Unidos con una organización llamada Experiment in International Living con una beca parcial de la Unesco. Aquel libro, junto a Positively Main Street,de Toby Thompson (que me había recomendado Luis María Alonso) me acompañó en las larguísimas jornadas de autobús (Greyhound), ayudado, claro de mi pequeño diccionario amarillo (Longman). Además, en aquellos días, yo quería convertirme en un folkie en toda regla. Llegué a ir a la oficina del representante de Pete Seeger (cuya dirección me había proporcionado Joaquín Diaz) y no me dio opción ni de abrir la boca. eso sí el lugar me pareció maravilloso. Quería comprar una guitarra Gibson y tuve que conformarme con una (muy buena) Yamaha y, entonces, barata.


Leí otros libros en aquellos años como el de Jesús Ordovás (1972) y el pequeño volumen que recogía los artículos publicados en "AU" (Apuntes Universitarios) (1974). Yo tenía la revista original (que se editada en el Colegio Mayor Chaminade de Madrid) pero le faltaban páginas y trozos. Finamente, conseguí el librito que apareció más tarde en, ¡como no! la librería El Parnasillo de Pamplona. He descubierto, por ejemplo, que el libro de Ordovás, cincuenta años después de "mi primera vez" no ha perdido su fuerza. Más tarde leí (y hoy releo) la maravillosa biografía de Robert Shelton (1926-1995), No direction home. The life and music of Bob Dylan (1986). He leído y tengo otros(algunos de viejos colegas), pero no son lo mismo.



Todo lo anterior está muy bien, pero, ¿de lo escrito por Dylan? Ordovás publica una buena antología de textos en inglés (con su traducción al castellano). En el volúmen AU, unos pocos textos solo en castellano, incluidos algunos versos-ejemplo de lo que llama "Dylan surrealista". A esto sumaba algunos libros de canciones que se publicaban cada vez que salía un album. Yo tenía algunos, de los que seleccionaba temas que interpretaba con mi flamante "yamaha". De pronto apareció Tarantula, "la novela que se lee con el oído", a decir de Shelton, y descolocó a todo el mundo.


El libro fue escrito en 1964 a partir de la popularidad de Dylan en el circuito folk. Albert Grossman, el entonces manager del cantante, firmó un contrato con la editorial McMillan a espaldas de Bob, obligándolo a entregar un libro completo para ser editado y vendido. De esta manera Dylan se encadenó a la máquina de escribir, no sólo por esa necesidad que había surgido en él de escribir y escribir (como lo declara su entonces (cuasi) pareja Joan Baez), sino ahora para terminar un libro que él sólo había deseado escribir en algún momento.

Dylan y Ginsberg ante la tumba de Kerouac


Según el mexicano Mariano Alberto Hernández Yberry, "las influencias que marcarían Tarántula serían las mismas que aparecen en la lírica de los siguientes discos de Dylan: Allen Gingsberg, quien le aconseja leer Una temporada en el infierno de Rimbaud, Los cantos de Maldoror de Isidore Ducasse y la literatura de Jack Kerouac que lo lleva de la mano. Parte de esta influencia deja dos tendencias en el libro: el conflicto total con una vida caótica y opresiva, y el surrealismo. Por supuesto que ninguno de los autores mencionados son considerados surrealistas, pero el mismo Andre Breton consideró Los cantos de Maldoror como un precursor de esta vanguardia. Entonces, Dylan conjuga estos dos aspectos y los transporta a su vida, donde, en aquel entonces, luchaba entre ser el ídolo de la música folk y la revolución, o ser un poeta y un artista completo, libre y en crecimiento" (Tarántula reconsiderada).


El 26 de junio de 1971 Robert Christgau publicó en The New York Times un artículo sobre Tarantula titulado The answer, my friends, is still blowin' in the wind (La respuesta, amigos mías, todavía está volando en el viento). El artículo comenza así: "La aparición oficial de Tarantula de Bob Dylan no es un acontecimiento literario porque Dylan no es una figura literaria". Y, más adelante, señala: "Afirmar que Dylan no pertenece a la historia de la literatura no le descarta de la historia de la comunidad artística o del lenguaje". Christgau reconoce sin embargo que cuando escribe sus letras (poemas) toma prestados técnicas de la literatura, y además de las mencionadas por Yberry, percibe influencias de Blake, Whitman, Rimabaud o Celine.


Hago caso a Robert Shelton: "Tarantula es de difícil lectura. Es en ocasiones ligeramente divertido, a veces muy violento, pero es original, inventivo, y desafiante. Sugiero dar a Tarantula una oportunidad. Trata de leerlo en voz alta. Escucha 'Highway 61' unas pocas veces antes de sumergirte en él. Buena suerte, y que tengas un buen viaje. Gutemberg se revolvería en su tumba".




En 1973 apareció Writings and Drawings of Bob Dylan que en su versión española (1975) fue titulada como Canciones y Dibujos (lo que no es exacto). En 1986, publico Lyrics 1962-1985 que incluye todo lo de Wrintgs más 120 nuevos textos.





Para convencer a los críticos con la concesión del Premio Nobel de Literatura, les recomiendo que escuche con atención algunas de mis canciones favoritas (que no todas):


1. Man in Constant Sorrow

2. Mr. Tambourine Man

3. It's Alright Ma (I'm Only Bleeding)

4. Ballad of a Thin Man

5. Like a Rolling Stone

6. Gospel Plow

7. High Water

8. A hard rain's a-gonna fall




El Nobel


Dylan no fue a Suecia a recoger el premio. En su lugar, la gran Patti Smith nos dejó una interpretación memorable (con balbuceos incluidos) de A hard rain's a-gonna fall


Oh, where have you been, my blue-eyed son? Oh, where have you been, my darling young one? I've stumbled on the side of twelve misty mountains I've walked and I've crawled on six crooked highways I've stepped in the middle of seven sad forests I've been out in front of a dozen dead oceans I've been ten thousand miles in the mouth of a graveyard And it's a hard, and it's a hard, it's a hard, and it's a hard And it's a hard rain's a-gonna fall


Oh,¿dónde has estado, mi querido hijo de ojos azules? ¿dónde has estado, mi joven querido? He tropezado con la ladera de doce brumosas montañas, he andado y me he arrastrado en seis autopistas curvadas, he andado en medio de siete bosques sombríos, he estado delante de una docena de océanos muertos, me he adentrado diez mil millas en la boca de un cementerio, y es dura, es dura, es dura, es muy dura, es muy dura la lluvia que va a caer.

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